Un colegial chapotea
¡Noche de otoño cualquiera!
en su charco de ensueño,
entre un mar de tierra seca.
¡ Lánguidos juncos sin carne
portan tu lecho de piedra!.
Con su luz ya mortecina
la luna aguarda a tu vera
y empapa sus mustios rayos
en la hiel de tus hiedras.
Tu mano rasga el silencio
tejido en horas de espera,
sus hilos de angustia atoran
la rueca de tu vereda.
Tu lana la esquila un sastre
que con tu desnudez medra.
¡Corta un retazo de noche!
¡Que nadie vea tus penas!,
entiérralas y que abonen
tus cepos de madreselva.
¡Tú eres agua estancada
hijo de la primavera!
Agua que sólo ha de correr
cuando, un otoño cualquiera
tus manos marchitas y yermas
no puedan parar la marea
de los golpes que erosionen
a tu corazón de piedra,
y ese tu cuerpo desnudo
se precipite a la tierra.
Las gotas de tu memoria,
¡ lluvia de eterna vergüenza!,
levantada por un niño
cuando la infancia comienza.
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